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El 30% de todos los edificios
nuevos o restaurados presentan un elevado índice de quejas relacionadas con
trastornos físicos y psíquicos que configuran el llamado "síndrome de edificio
enfermos", según la OMS. El Parlamento Europeo ha propuesto a la UE la
elaboración de una directiva sobre la contaminación en los ambientes cerrados. La OMS advierte que el aire
viciado es la principal causa del síndrome, aunque no la única. El ruido, la
inestabilidad en el empleo y la iluminación desempeñan un papel importante, en
la génesis de estos trastornos, según afirman los expertos. Un estudio realizado por
Instituto Nacional de Salud y Seguridad Ocupacional de los EE.UU. sobre 356
edificios de oficinas arrojó resultados preocupantes. El 62% de los edificios
estudiados carecía de aire fresco y el 33% no tenía ningún sistema de
ventilación.
Además, entre las oficinas que
sí disponían de algún sistema para reemplazar el aire resultó que hasta el 61%
de los filtros eran ineficaces, el 18% estaban mal instalados y más de la mitad
estaban sucios. Esta es la causa de la mayoría de los trastornos, según los
expertos.
La OMS acuñó el término de
"síndrome del edificio enfermo (SEE)" para designar aquellos lugares de trabajo,
esparcimiento o residencia donde al menos el 20% de sus ocupantes se quejaban
reiteradamente de trastornos relacionados, sobre todo, con una pobre calidad del
aire en los ambientes cerrados. En España existe una total
ausencia de datos sobre este problema. A juicio de sindicatos y expertos, ello
no quiere decir que la situación no sea la misma o peor. Lo que si se conoce
bien son los efectos sobre la salud y el rendimiento en el trabajo.
En general, los contaminantes de los edificios son de
naturaleza muy diversa. La presencia en el aire de polvo, ácaros (parásitos
que provocan alergia) y bacterias, afectan de forma diferente a la salud. Sin
embargo, la mayoría de las veces el problema es inespecífico por lo que se
tiende a darle poca importancia. El aparato respiratorio es el más perjudicado, al
ser la puerta de entrada del aire que se respira. Así, son comunes la irritación
de garganta, nariz y oídos entre los oficinistas. También los ojos se ven
frecuentemente afectados. Al elevado número de horas trabajadas, se une el
stress propio de cada profesión, lo que propicia la aparición de dolores de
cabeza, mareos, fatiga inexplicable o piel seca. No obstante, estos efectos no sólo actúa sobre la
población laboral. De acuerdo con los expertos del Instituto Español de
Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT), está demostrado que el hombre urbano
pasa entre el 80 y el 90% de su tiempo entre paredes que encierran ambientes más
o menos contaminados. El problema apuntan los expertos, aparece de igual
manera en hospitales, colegios y otros lugares públicos. Por tanto, es una preocupación, cada vez más
patente, la salubridad del ambiente respirable en los locales destinados a
oficinas, talleres, salones de ocio, comedores, etc., no sólo a nivel de pureza
de componentes del aire que entra en los pulmones, sino también, al de
higienización del mismo, distribuido por los modernos y eficaces sistemas de
aireación. Problemas importantes como los anteriores, tras la
implantación cada vez mayor, del sistema de atmósfera controlada en los
grandes edificios (hoteles, oficinas, galerías comerciales, hospitales, etc.)
han surgido en la población, provocando absentismo laboral, malestar, irritación,
y en definitiva quejas del personal presente en su interior, impidiendo por
tanto, alcanzar los objetivos propios del local (rendimiento laboral, visita de
clientela, etc.). Todo ello se hace más patente subjetivamente, por ejemplo a
nivel laboral, cuando se viene de vuelta al trabajo después de unas vacaciones. Este conjunto de alteraciones del Síndrome del
Edificio Enfermo (SEE), aún no ha sido bien evaluado a nivel económico,
siendo, no obstante, una realidad a considerar muy seriamente por los
profesionales responsables del diseño y construcción (arquitectos y
aparejadores) así como por el personal de mantenimiento (servicios técnicos).
Los primeros, a la hora de proyectar todo el sistema de aireación de nueva
implantación y los segundos, a la de velar por el buen funcionamiento, la
conservación y la eficacia del propio sistema una vez puesto en marcha. Para conocer si un edificio está afectado del síndrome,
se puede recurrir al sencillo test de J. Satolwijk (revista Año Cero 1990),
mediante una pequeña encuesta dirigida a los ocupantes del edificio en cuestión:
1. ¿ Tiene molestias en los ojos ?.
2. ¿ Padece algún tipo de irritación en la nariz o en la garganta ?.
3. ¿ Nota alergias cutáneas o respiratorias ?.
4. ¿ Se alivia cuando sale del edificio ?. Basta con que el porcentaje de respuestas afirmativas
sea mayor del 15 % del total de personas encuestadas, para que el edificio pueda
considerarse enfermo. Pero todas estas consideraciones de nada sirven, si
no se vigilan constantemente los asentamientos de gérmenes que pululan en todo
ambiente, y que precisamente por su ubicuidad anclan fácilmente en los
conductos de circulación del aire acondicionado. No hay que olvidar que un ambiente limpio de
polucionantes químicos, con temperatura y humedad relativa idónea, es un hábitat
muy favorable para que esta pequeña población microbiana, antes o después,
anide y prolifere en toda la superficie disponible del sistema, alimentándose
de los restos orgánicos que se recogen por el aire que se está introduciendo
al edificio. Si a ello sumamos los impulsos de aire, que periódicamente
y de forma continuada se generan, queda entonces “asegurada” la diseminación
de las bacterias, virus hongos y esporas. Ello provoca la contaminación, cuando
no el contagio, de todos los locales y expone a un riesgo innecesario a todas
las personas que esperan respirar un aire limpio y de calidad. Al hilo de la cuestión, cabe mencionar el caso no
muy lejano, de la playa granadina de San Cristóbal, en el término municipal de
Almuñécar, aireado por la prensa local y nacional, donde un brote de
Legionella pneumophila ha generado más de 40 hospitalizaciones del personal
atacado por este microorganismo patógeno ocasional, que se desarrolla y se
vehicula por los conductos del aire acondicionado de tipo central. Ello provocó la parada cautelar por las autoridades
sanitarias, de los sistemas de aire acondicionado de los edificios que gozan de
tales sistemas, con el consiguiente perjuicio y malestar para el sector turístico
y otros afectados, en aquel momento. Como quiera que resulta muy poco viable y costosa la
limpieza de la red de conductos por donde se vehicula el aire del sistema, a
cargo de los servicios de mantenimiento, era de esperar que se minimizase la
importancia del tema, y se prestase poca atención al problema de la higiene,
hasta que aparecen las complicaciones. Sin embargo y debido a su aparatosidad, a menudo se
considera más acuciante la molestia por una carga específica de olores
(bajantes, humo de tabaco, etc.), de todo punto siempre menos trascendente, al
menos desde el punto de vista de la salud.
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